Un recorrido por la historia de Rumanía en ‘Mi hermoso Dacia’ un documental sobre las últimas décadas en Rumanía
BEATRIZ GURDIEL Dos amigos, Julio Soto y Stefan Constantinescu; un coche, el mítico Dacia, y una historia que contar, la de los últimos 40 años de un país que, casi sin darse cuenta, pasó de vivir una época de oro a sufrir las consecuencias de una férrea dictadura y un éxodo masivo, en un viaje a través de testimonios reales.
Una campaña del Gobierno rumano para renovar el parque móvil nacional de cara a su integración en la UE les dio la idea: utilizar el Dacia como hilo conductor para narrar los cambios experimentados por el país desde los primeros años de la dictadura de Nicolae Ceausescu hasta ahora. Así nació Mi hermoso Dacia, una película documental codirigida por Julio Soto y Stefan Constantinescu, que verá la luz este invierno, coincidiendo con el 20º aniversario de la caída del muro de Berlín. «No es una película de coches, ni una película histórica», asegura Soto a SÍ: «Es un viaje a través del tiempo que quiere reflejar la evolución de la soc i e -dad rumana a través de uno de los símbolos más importantes de Rumanía, el Dacia». Para ello, Soto y Constantinescu se embarcaron hace más de dos años en una intensa búsqueda de personas con historias reales a través de las cuales poder representar diferentes periodos de la historia rumana.
Todos debían tener algo en común: un Dacia. La empresa se puso en marcha a mediados de los 60, en medio del optimismo socialista de los primeros años del dictador Ceausescu, una época que en el documental narra el ex director de la compañía automovilística, «un tipo serio» al que los directores reconocen haber puesto en un «contexto bastante divertido ». El ejemplo de Belodedic Otro ejemplo es un futbolista de élite, Miodrag Belodedic, «que, a pesar de tenerlo todo, se ve obligado a escapar del país porque la escasez de todo tipo de productos era insostenible » en su viejo coche, reflejando «esa caída en picado de Rumanía».
Llega después la revolución y Dacia se adentra en la difícil transición a la democracia llegando hasta los últimos años de la historia de Rumanía, en los que el comunismo ha caído y la verdadera tragedia «es el éxodo de rumanos, que ha dejado zonas del país totalmente vacías porque la gente ha tenido que irse a Italia o a España en busca de trabajo », dice Soto.
Este punto de la historia de Rumanía se narra a través de las vivencias de dos hermanos que con su Dacia de 26 años «cruzaron Europa para llegar a Xátiva (Valencia), donde está su familia, y empezar a trabajar en una cooperativa de frutas». Según Soto, en esta parte final de la cinta aprovechan para «hablar de esos fenómenos que envuelven la vida del inmigrante actual, esas motivaciones por las que se acaba dejando todo lo que se ama». Muchas paradas, muchas historias, en una película que, pese a estar cargada de realismo y cierta tragedia, adopta siempre una sonrisa burlona. «Todo se ve desde una perspectiva diferente que seguro gustará»
